|  ENCUENTRO DE CARDENALES Y RABINOS EN MÉXICO
Cuando hace un par de semanas nuestro Presidente del Centro Israelita, el Profesor Marcos Peckel, me pidió que aceptáramos la invitación del Congreso Judío Latinoamericano para participar en el encuentro en México, tuve grandes dudas acerca de si realmente era importante dedicar esos días de trabajo para este encuentro, siendo que el diálogo interreligioso aquí en Colombia es fluido y tenemos muy buenas relaciones con los diversos estamentos de la Iglesia en Colombia.
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Debo reconocer que la decisión de la Junta del Centro Israelita fue muy sabia. Personalmente participo en actividades de diálogo con la Iglesia Católica desde el año 1971 y la diferencia de aquel entonces a hoy es abismal por la tónica, el ambiente y la confianza que fuimos adquiriendo durante estos últimos años. En aquellos tiempos teníamos un temor latente de que la Iglesia quisiera dialogar con nosotros con el motivo ulterior de "querer convertirnos".
En México estábamos reunidos Cardenales, Obispos, y Rabinos de toda Latinoamérica y Estados Unidos. Desde Washington a Buenos Aires los representantes eran de la más alta jerarquía de la iglesia. Por parte de los Rabinos también participamos aquellos que estamos desempeñando nuestras funciones por un período prolongado de tiempo y que estamos involucrados en las actividades del diálogo. Fui honrado al presentar una de las dos ponencias durante el Encuentro sobre el tema de la familia en un mundo multicultural, misión judía.
Quisiera extraer los puntos principales en los cuales nos enriquecimos todos los participantes
1. El intercambio de experiencias en el tema del diálogo de las diversas comunidades y países. Pudimos aprender uno del otro.
2. Analizar temáticas y problemáticas desde nuestra misión particular y extraer lo que tenemos en común.
3. Establecer contactos personales de mucho valor, ya que nuestras comunidades funcionan en un medio muy católico.
4. Interesante resaltar que la parte nuestra pidió a la contraparte católica luchar contra cualquier forma de antisemitismo y la parte católica nos pidió enfrentar todo tipo de "satanización" del mundo católico.
5. Apoyarnos mutuamente en aquellos proyectos que son de vital importancia para las respectivas partes, por ejemplo ley de legalización del aborto, ley de libertad religiosa.
6. Al tener sesiones de estudio en conjunto pudimos descubrir no solamente los contenidos en común, sino también la metodología y la exégesis que adelantamos.
7. Aprendimos que el verdadero respeto (no solamente la tolerancia) se puede lograr al conocernos verdaderamente.
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Todos nos comprometimos a trabajar concientemente en el diálogo interreligioso para el bien de nuestras comunidades.
Debemos tener conciencia que ese compromiso requiere de trabajo voluntario y bastante tiempo.
Si alguno de los lectores quisiera mayor aclaración, le agradezco que me haga llegar sus preguntas.
Rabino Alfredo Goldschmidt
ORACIÓN POR LA PAZ

En el Centro Cultural Islámico de la Ciudad de Bogotá tuvo lugar el día 11 de Septiembre la Oración por la Paz, evento que contó con la participación del Gran Rabino del Centro Israelita de Bogotá, Alfredo Goldschmidt, el Imán Julián Zapata, director del Centro, prelados de la Iglesia Católica y Pastores Evangélicos.
El evento fue una conmemoración por los atentados a las Torres Gemelas y una recordación a las casi tres mil víctimas de éstos.
REPRESENTANTES DEL JOINT EN BOGOTÁ
Con motivo de la realización del onceavo Encuentro Continental del American Jewish Joint Distribution Comittee que tendrá lugar en Cartagena del 6 al 10 de Mayo de 2009, estuvieron reunidos con la Junta Directiva del Centro Israelita de Bogotá, co-organizador del evento, el señor Ram Tapia Adler y las señora Mónica Cullucar del Joint y el presidente del encuentro, el señor León Birbragher.
Este evento espera contar con la participación de más de 600 líderes comunitarios y juveniles de todo el continente.
EL PODER DE UNO MISMO
En estos días de Rosh Hashanah y Iom Kipur, la vida parece hacer un alto. Un ciclo se cierra con sus alegrías y dificultades; mas otro se abre con los anhelos de ser todos inscritos en el “libro de la vida, del sustento y de los méritos”. Sin embargo, desde comienzos de Elul - algunos de los que hemos tenido la oportunidad de escuchar casi a diario el Shofar-, hemos experimentado cómo esos agudos y diminutos sonidos nos hacen volcar sobre nosotros mismos y llevar a preguntarnos:
¿Hemos sido los suficientemente buenos, humildes, caritativos, pacientes, tolerantes y respetuosos con nuestro prójimo?.
¿Hemos sabido utilizar sabiamente nuestro libre albedrío? ¿Hemos obrado responsablemente? ¿Son mis actos manifestaciones de amor, comprensión y afecto hacia nuestros semejantes o, por el contrario, denotan envidia y falsos resquemores?
¿Puedo yo en mi pequeñez,- frente a la grandeza Divina- aportar algo del mundo que nos rodea para cambiarlo en forma positiva? ¿Hemos utilizado todo el potencial que está dentro de cada uno de nosotros (y que alguien sabiamente lo llamó “el poder de uno”), para brindar algún tipo de apoyo al débil, al necesitado, al enfermo o al oprimido? ¿Hemos sido solidarios y no nos hemos callado frente a la injusticia?
Estos son sólo algunos de los interrogantes que en esta época sería prudente realizar y contestarlos con toda honestidad.
De otra parte, si el año que pasó fue bueno, de seguro le agradeceremos a Di-s con todo el corazón; pero si no fue así, acaso nos limitaremos a echarle la culpa de nuestros fracasos a los demás, o -tal vez- ¿le achaquemos todo a una “racha de mala suerte”, contra la cual es inútil tratar de escapar, ya que pensamos que el destino no admite protesta en su contra? De ser ello así, cabría preguntarse: ¿En dónde dejamos nuestra autoestima, nuestra valía e inteligencia de las que fuimos dotados como seres superiores de la creación?
Por ende, Rosh Hashanah y Kipur nos brindan la oportunidad de sacudirnos de nuestro letargo y replantear nuestras vidas. Sin embargo, para hacer este análisis y lograr un cambio significativo debemos empezar cada uno de nosotros a conocer nuestro propio interior, nuestras capacidades pero también nuestros límites. En consecuencia, debemos preguntarnos: ¿Qué soy yo? ¿Qué busco? ¿Qué me hace feliz? ¿Cuáles son mis anhelos? ¿Cuáles mis fallas y errores?. Llegado a este punto, sólo nos faltará tomar la sincera determinación de hacer todos los ajustes necesarios para reorientar nuestro camino, - eso sí- “sin prisa, pero sin pausa” como bien se escucha en el argot popular.
En este sentido, la Teshuvá se convierte en un hermoso ejercicio interior y de autoanálisis, el cual demanda tanto honestidad como madurez de nuestra parte, pues debe llevarnos al compromiso de sacar lo mejor de nosotros, tanto en el ámbito personal, laboral, familiar y ¿por qué no, el comunitario? No olvidemos que el “poder de uno” es inmenso. Sólo debemos tomar conciencia de ello…
Jackeline Szapiro
Miembro de la Junta Directiva del CIB
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